Levantar la cabeza, mirar el mundo - RED/ACCIÓN

Levantar la cabeza, mirar el mundo

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION

La pandemia de covid y la guerra en Ucrania modificaron el tablero geopolítico global. El sector privado se ve obligado a tomar decisiones de negocio en un contexto desafiante y los profesionales de PR tienen el mapa y la brújula en la mano.

Levantar la cabeza, mirar el mundo

La pandemia de covid y la guerra en Ucrania modificaron el tablero geopolítico global. El sector privado se ve obligado a tomar decisiones de negocio en un contexto desafiante y los profesionales de PR tienen el mapa y la brújula en la mano. De ellos depende saber usarlos.

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Intervención: Julieta de la Cal

Nuevo mundo. Amberes, Bélgica: reunión de miembros de FIPRA, la red global de consultores en relaciones gubernamentales. Lobistas de todo el mundo intercambian experiencias y puntos de vista sobre las oportunidades y los desafíos que la pandemia de covid y la invasión de Rusia a Ucrania van dejando hasta ahora. Acuden también expertos en salud y en seguridad militar, alimentaria y energética que comparten sus perspectivas. Aunque se multiplican las hipótesis sobre el futuro, ya hay certezas que pueden constatarse hoy. El mundo empezó a cambiar.

De todas maneras, hay cosas que siguen igual: permanecen inalterables la agenda relacionada con el cambio climático y la preocupación por el efecto de la inteligencia artificial y la automatización en el mercado laboral. También la incertidumbre sobre la sustentabilidad de los sistemas jubilatorios en un contexto de envejecimiento de la población. Son problemas que parecen haberse vuelto crónicos en la sociedad y la política de los países desarrollados de Occidente. Detrás de ese paisaje estable, hay cosas que se modificaron:

  • Realineamientos. La globalización ya no es lo que era: los países se organizan en bloques económicos en los que el mayor factor aglutinante es la confianza. Los Estados Unidos, Europa y el antiguo Commonwealth se alinean en el mismo equipo que enfrenta a China, Rusia, India y buena parte del mundo árabe. No hay espacio para grises. Si no quieren el ostracismo, los países más chicos –también la Argentina– tendrán que definir sus lealtades e integrarse sin matices a la cadena de suministros de sus bloques. La neutralidad no es opción.
  • Hambre. Ucrania es un gran exportador mundial de maíz, trigo y cebada. Rusia produce el 13% global de los fertilizantes con potasio, fosfato y nitrógeno, los principales nutrientes para cultivos y suelos. Como efecto inmediato, la guerra reduce la disponibilidad de todo eso y dispara los precios. Los expertos en seguridad alimentaria ya detectan escasez de alimentos en varios países pobres, especialmente en África. Y piensan que se agravará, con un efecto colateral extra: mayor presión migratoria sobre Europa y su consecuencia casi inevitable, el crecimiento de los líderes de derecha.
  • Seguridad. A partir de la Cumbre de la OTAN de 2014, en Gales, los países miembros se comprometieron a contribuir cada año con al menos el 2% de su PBI a sus gastos de defensa. Pocos lo cumplían, pensando que el deadline era 2025. La guerra les impone ahora una presión de la que no pueden escapar, aunque tengan que endeudarse. No son sólo armas: son más tropas, inteligencia artificial, blindaje informático. Todo lo que fortalezca el escudo de un país frente a posibles ataques externos.

Presión de parte de las empresas para que los gobiernos hagan alianzas geopolíticas inteligentes, inversiones masivas en tecnología alimentaria, desarrollo de software de última generación para fortalecer la ciberseguridad. El futuro se vislumbra ahí. Porque ya es parte del presente.

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Tres preguntas a Mike O'Sullivan. Es un académico, conferencista y escritor irlandés, experto en la intersección entre economía, política e historia. Trabajó durante más de 20 años en investment management, sobre todo para Credit Suisse. Es autor del libro The Levelling.

  • ¿Estamos presenciando el fin de la globalización?
    Sí, y creo que vamos a extrañarla. La segunda ola de globalización empezó a principios de los noventa y generó grandes beneficios. Miles de millones de personas salieron de la pobreza, y el ingreso per cápita en países como Vietnam o Bangladesh se multiplicó por más de seis en los últimos veinte años. El número de países democráticos creció en países tan diversos como Chile, Malasia o Estonia. El rol de la mujer mejoró sustancialmente en muchas partes del mundo, si miramos la comparación salarial en países como España o el acceso a la educación en Arabia Saudita. En la economía, la cadena de suministros se expandió masivamente en todo el mundo: las partes de un automóvil cruzan varias fronteras antes de integrarse al producto final. Y la globalización también cambió el modo en que vivimos: cambió nuestra dieta, cambió el modo en que nos comunicamos, el modo en que consumimos noticias y entretenimiento, el modo en que trabajamos y viajamos.
  • ¿Qué síntomas tiene este fin de ciclo?
    Ahora la globalización está en su lecho de muerte, atrapada por limitaciones asociadas a su propio éxito: desigualdad, nuevos récords de endeudamiento. En relación al PBI, estamos ahora alcanzando niveles de deuda que no se veían desde hace 200 años, en las guerras napoleónicas. Eso muestra que las ventajas de la globalización se dirigieron mal. La crisis financiera de 2008 fue resultado de ese manejo equivocado, y desde entonces los reguladores tomaron algunas medidas que tienden a contener, pero no a resolver el problema. De todas maneras, hay países como Irlanda y Holanda que encontraron una manera de mejorar los niveles de igualdad, con el aumento de los impuestos y algunos programas sociales. Aunque hay países que no lo están logrando, como Rusia, o los Estados Unidos, donde hay niveles extremos de inequidad, aún mayores que los de los tiempos del Imperio Romano.
  • ¿Qué efectos tuvo la pandemia de covid en este proceso?
    La pandemia de 2020 sacudió los cimientos de nuestra cultura y nos expuso a nuestra fragilidad. En crisis pasadas, había posibilidades de hacer un comité para salvar el mundo: líderes que lograban colaboración entre los países. No pasó lo mismo esta vez. Los más fuertes se aprovecharon de los más débiles en la carrera por obtener máscaras o vacunas, y el enemigo común, la pandemia, no se enfrentó con una estrategia coordinada. Estamos al final de una era, que comenzó con la caída del comunismo, siguió con el incremento del flujo de bienes, personas e ideas en el mundo, y ahora vemos episodios alarmantes como la caída de la democracia en Hong Kong. Termina el período en el que estábamos conectados con el propósito común de mejorar nuestras economías. El mundo futuro se va a definir por maneras distintas, enfrentadas, de hacer las cosas. La colaboración, al final, va a estar basada en valores. No hay todavía un nuevo orden, sino más bien un desorden que va a durar un tiempo. Hay que pensar en un enorme bloque de hielo que se rompe, y ahora los pedazos flotan por separado y se van modificando.

Las tres preguntas a Mike O’Sullivan se tomaron de la presentación “The end of globalization (and the beginning of something new)” dada en el contexto de TED. Para acceder a la presentación completa podés hacer clic acá.

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Aborto en los Estados Unidos. Hito histórico: la Corte Suprema norteamericana dejó sin efecto el fallo Roe vs. Wade. Este artículo de Allison Carter resume el modo en que las organizaciones están reaccionando frente a la noticia y recomienda además dos textos para entender mejor el caso: el primero presenta los dos enfoques de comunicación más utilizados por las empresas (uno a favor y el otro en contra). El segundo propone cinco aspectos a tener en cuenta cuando se comunican temas sociales complejos como este: las acciones hablan más que las palabras; las marcas no deben esperar contentar a todos; el silencio puede interpretarse como apatía; los empleados deben participar en la toma de posición; si una marca quiere ser elegida como gran empleadora, debe ser auténtica y clara. El debate durará meses…

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Academia. Los impactos del covid hicieron pensar a muchos que la globalización terminaba. Este artículo de Benjamin Mwadi Makengo se apoya en varios argumentos para apuntar lo contrario: la pandemia fue, en sí misma, global; los efectos económicos también lo fueron; se hizo evidente la interdependencia en la cadena de suministros de múltiples productos. El texto se escribió unos meses antes de la invasión de Ucrania por parte de Rusia: ahora todos esos conceptos están siendo revisados y se plantea si la globalización no se volvió una división del mundo en bloques.

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Oportunidades laborales

TOP Worldwide abrió la búsqueda de Influencer Marketing Director para la Argentina. LINK.

La Camera di Commercio Italiana nella Repubblica Argentina busca Gerente General. LINK.

Hasta acá llegamos esta semana. Todas tus ideas, propuestas o consultas son bienvenidas. Podés escribirme a comms@redaccion.com.ar

¡Hasta el miércoles que viene!

Juan

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