Jóvenes comprometidos que encarnan la cultura solidaria global - RED/ACCIÓN
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Jóvenes comprometidos que encarnan la cultura solidaria global

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION

Chicos y chicas que no superan los 25 años lideran la acción climática y juegan un rol clave en el futuro del planeta. Desde Greta Thunberg a miles de argentinos y argentinas. Una de nuestras lectoras, impulsada por las quemas a los humedales en Rosario, promueve un proyecto para que conozcamos y cuidemos la biodiversidad.

Jóvenes comprometidos que encarnan la cultura solidaria global

Intervención: Victoria Guyot.

Presentado por

¡Buenos días! A partir del mensaje de una de las suscriptoras de esta newsletter queremos reflexionar sobre la maravillosa movilización de chicos y chicas de todo el mundo que, pese a su corta edad, lideran la acción climática y juegan un rol clave en el futuro del planeta.

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Cuando comenzó a hablarse de cambio climático, para quienes tenemos ya varios años, era algo de lo que costaba entender. Era difícil dimensionar lo que significaba que la actividad humana estuviera impactando en el planeta de esa manera. Y, más aún, que era urgente frenar este calentamiento global. Era algo casi impensable, increíble.

Retroceso de glaciares, derretimiento de hielos, aumento del nivel del mar, olas de calor más intensas, más sequías, cambios en los patrones de precipitación (por ejemplo, lluvias más intensas que dan lugar a inundaciones) son algunas de las varias consecuencias de este cambio climático que hoy ya sufrimos y que crecerán en la medida en que no actuemos contra el cambio climático.

En este contexto, en algún lugar de Suecia surge una inesperada voz. Una chica que en su momento estaba en su noveno grado, empieza a percibir incendios y un calor inédito en su país. Greta Thunberg aparece con el apoyo de su familia, muy sensible también a su causa. Ella hace algo simple, con una lógica maravillosa: los viernes va, entre otros lugares, al Parlamento de su país con un cartel que alude a la “crisis climática”. Ese día no va a la escuela. “¿Para qué voy a ir si todo se va a incendiar? ¿Qué sentido tiene la educación en un mundo así?”, argumenta. Esta chiquita comenzó a multiplicar un fenómeno mundial, un fenómeno increíble.

Y lo que es increíble es que la acción climática la encabeza un grupo muy joven. Está liderada por adolescentes de todo el mundo: tienen 13, 15, 20, 25 años… Son miles, millones. Pareciera una franja etaria con un pensamiento muy lejano al de otras generaciones.

Este movimiento, tan organizado como caótico, sigue creciendo. Este movimiento, que nos va a salvar a todos mira los incendios, propone una Ley de Humedales, propone bajar la huella de carbono, disminuir la emisión de gases, cambiar de forma de vida… Esta juventud es un llamado de atención.

El planteo de estos jóvenes, que están también en Argentina y América Latina, es muy obvio. Señalan que mientras la temperatura del mundo se eleva, la humanidad tiene una actitud absurda: continuar son su misma forma de vida. Por suerte esta ola verde sigue creciendo. Se expresan, marchan, escriben. Usan las rede sociales.

En los 90 decíamos que, si se iba a globalizar la economía, debía globalizarse la cultura solidaria. Y estos chicos y chicas s están encarnando en el mundo esta globalización de la solidaridad.

Son distintos, diferentes. Se les puede discutir muchas cosas. Pero es posible que esa generación sub25, sub20, nos salve a todos, salve el planeta Tierra. Nos falta prestarle más atención, escucharlos más. Y ante el impacto que se ve venir, como una suerte de accidente absolutamente evitable aún, la humanidad parece seguir su camino. Mientras, estos chicos siguen tiñendo de verde naturaleza todo lo que hacen. Tal vez el mundo adulto tiene que hacer muchas cosas por las generaciones que vienen. Y tal vez, en casos como estos, tenemos que dejar de hacer: sobre todo, corrernos y darles el espacio a todos los jóvenes por el clima.


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Fotos: gentileza Sofía Lombardich. Intervención: Victoria Guyot.

Hoy queremos contarte sobre una de estas jóvenes que se involucra en cuidar nuestro planeta. Se llama Sofía Lombardich, tiene 25 años y se dedica al diseño editorial. Ella vive en la ciudad de Rosario, y desde allí viene observando en los últimos años las quemas a los humedales.

Pero en lugar de solo lamentarse por las cenizas que aún contaminan el aire de su ciudad y por las llamas que arrasan con los ecosistemas, decidió hacer algo. Este año Sofía publicó El lenguaje de las aves, un libro de observación de aves de la ecorregión Delta e Islas del Paraná. “El objetivo del libro es acercar conocimiento sobre nuestra avifauna a personas que no tienen formación en biología y así contagiar las ganas de aprender sobre la naturaleza que nos rodea”. El libro cuenta con infografías, ilistraciones y fotografías, y narraciones amenas para descubrir las aves de la zona.

Desde agosto, Sofía lleva su libro a escuelas primarias de su ciudad para concientizar sobre la avifauna. Para estas presentaciones preparó una charla en la que cuenta cómo hacer un libro en cuatro pasos: encontrar la idea; explorar el azar; compartir el proceso; editar y pulir. “Empiezo por decirles que lo más importante para concretar un proyecto es encontrar una idea que nos apasione”, cuenta.

Con los niños y niñas de las escuelas, Sofía desarrolla una actividad de expresión libre: hace un fanzine sobre la temática del libro, en la cual los y las estudiantes se expresan de distintas formas, como el dibujo y la escritura. “Me sorprendió la inmensa creatividad que tienen entre las edades de 8 a 11 años. También descubrí que tienen muchísimo para decir y no hace falta darles indicaciones ni corregir tanto, sino más bien acompañarles en el proceso”, reflexiona Sofía. Y deja otra de sus enseñanzas de este proceso de sensibilización que impulsa: “Sigo aprendiendo, pero por ahora la mayor certeza que me dio este proyecto es que si tenemos una idea que nos apasiona podemos encontrar los medios para llevarla a cabo. El sentimiento es contagioso, así se encuentran personas a las que les interesa escucharte y colaborar”. 

Un mensaje de

Pan American Energy busca ser un promotor activo en el desarrollo de las comunidades en las que opera. Por ello, lleva a cabo acciones de triple impacto para crear valor económico, social y ambiental a través de la articulación público-privada. Su trabajo en Sustentabilidad se basa en cuatro ejes estratégicos: educación y cultura, salud y deporte, desarrollo local y ambiente. En el último año, con sus 140 programas, la compañía alcanzó a más de 400.000 personas.

Conocé más en pan-energy.com/sustentabilidad

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Si querés conocer algo más de El Lenguaje de las aves, podés descargar acá una muestra. SI querés comprar un ejemplar del libro, podés hacerlo acá.

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Fotos: gentileza Sofía Lombardich. Intervención: Victoria Guyot.

Cuatro preguntas a Sofía Lombardich [Por David Flier].

—¿Qué te motivó a comenzar a accionar para concientizar sobre el cuidado de nuestra biodiversidad?
—Recuerdo estar sentada en mi escritorio, mirando por la ventana para buscar una salida visual al encierro de la pandemia, y de repente ver el cielo lleno de humo. En Rosario padecemos desde hace años este ecocidio que afecta nuestra salud física y emocional. Los problemas ambientales, como la quema de los humedales, generan mucha impotencia. Entendí que necesitaba transformar ese sentimiento y encontré mi posibilidad en el diseño editorial. Al mundo de las aves pude acercarme por medio de la contemplación. Durante el 2020 subía a la terraza de mi edificio a meditar mirando a los pájaros, una de esas veces pensé en cómo nos perdemos la compañía de la naturaleza entre las distracciones y el ruido de la ciudad. El lenguaje de las aves nació con la misión de concientizarnos de la belleza que nos rodea diariamente y a la vez del daño que le estamos causando. Porque no podemos cuidar algo que no conocemos. 

—La producción y publicación del libro fue en forma colaborativa con la Universidad Nacional del Rosario. ¿Cómo fue esa experiencia?
—Empecé a trabajar con la Cátedra Libre de Fauna Silvestre desde que tuve la idea del proyecto, cuando todavía no sabía a dónde iba a llegar. Es un grupo de cuatro mujeres apasionadas por la biodiversidad. Claudia, una de las integrantes, fue la primera persona que se tomó el tiempo para ayudarme y confió en mi idea. En el 2020 nos conectabamos a la noche por whatsapp, yo le hacía un montón de preguntas que ella me contestaba con entusiasmo, compartiéndome siempre todo lo que sabe (que es muchísimo). Eso es lo mágico de publicar con la Universidad. Se trabaja con objetivo de liberar el conocimiento y hacer circular la información. Cuando me contacté con la editorial sentí mismo. El libro está impreso en los talleres de la UNR Editora, cosido en un centro de día y el desarrollo estuvo bancado por un fomento de la provincia de Santa Fe. Toda la producción fue colaborativa entre organismos con interés por el bien común.

—¿Qué cosas te esperanzan de cara al futuro en relación al cuidado del ambiente?
—Tuve que pensar bastante esta respuesta, es difícil ver esperanzas mientras la flora y fauna de los humedales sigue ardiendo y en Rosario seguimos respirando sus cenizas. Sin embargo, ver cómo la preservación de nuestro ecosistema está traspasando barreras políticas e ideológicas es algo que me da esperanzas. En mi ciudad quedó en evidencia el desinterés social de parte de los sectores agropecuario, ganadero e inmobiliario y la incompetencia del sector político en ayudar a su pueblo. Entendimos que somos nosotres contra ese 1% que tiene el poder económico y nos movilizamos para juntar fuerzas. Ya no hay tiempo para la indiferencia, defender nuestro patrimonio natural es una urgencia colectiva. 

—¿Qué le dirías a un joven o a una joven que quiere involucrarse en causas sociales?
—Tenemos mucha predisposición para actuar por distintas causas sociales, pero cuando nos percatamos de que no podemos cambiar el mundo de forma inmediata se genera una ansiedad paralizante. Por eso, debemos avanzar paulatinamente en la acción climática, con acciones que nos resulten sostenibles. También siento que tenemos la culpa muy instalada: si alguno de nosotres no alcanza ciertos ideales individuales, nos juzgamos en lugar de entender que, con nuestras dificultades, estamos trabajando por una misma causa. Es importante tener los ideales en claro y respetarlos para no caer en slogans, pero también abrirnos al diálogo y saber escuchar. Necesitamos actuar de forma colectiva, unir las fuerzas, no perdernos entre debates teóricos.

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Como contábamos, Sofía es una suscriptora de OXÍGENO que nos escribió para contar sus sensaciones y sus acciones en relación a la crisis climática. Y creímos que su historia era rica, que nos oxigenaba, que era una de las tantas voces que hacemos bien en escuchar y compartir. Y de eso se trata este espacio: de crear una red para reflexionar, aprender entre las miradas de cada persona y encontrar así las mejores maneras de extender la solidaridad.

¿Tenés reflexiones, iniciativas o comentarios que quieras compartirnos? Por favor, escribinos entonces un mail a oxigeno@redaccion.com.ar. Esta newsletter la construimos en red.

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Fotos: Asociación Civil Dale Vida. Intervención: Victoria Guyot.

Hoy arranca noviembre. Y este mes, el 9, es el Día Nacional del Donante Voluntario de Sangre. La donación de sangre es un tema del que hablamos mucho. Un acto tan necesario (porque la sangre es un insumo vital que no se fabrica) como solidario. Es entregar algo de nosotros para ayudar a los demás.

Y enfatizamos la importancia de donar sangre porque, para asegurar el abastecimiento de los centros de salud, es necesario que cada vez más personas opten por la donación de sangre altruista: es decir, la que consiste no en reponer la sangre que se usa en algún conocido, sino simplemente para aportar a los bancos.

Por esto, en la campaña del mes de noviembre, desde RED/ACCIÓN, y en alianza con la Asociación Civil Dale Vida, te proponemos distintas maneras de ayudar a salvar vidas mediante la donación de sangre. Entrá acá para saber cómo sumarte a la campaña.


Cuidate mucho, cuidalas mucho, cuidalos mucho.
Te mandamos un gran abrazo.

Juan y David